A edulibre.info nos ha llegado este acuerdo del IES Ramón y Cajal de Huesca sobre su "NO" a la implantación del programa Escuela 2.0 de Aragón para el curso 2010-11 en su centro, y consideramos que es un documento interesante para reflexionar sobre lo que está ocurriendo con las TICs en nuestra Educación independientemente de que se comparta o no su decisión:
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El Consejo Escolar del IES Ramón y Cajal reunido en sesión extraordinaria el martes 18 de mayo, decidió por unanimidad no sumarse al Programa Escuela 2.0, ofertado por la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón, para iniciar su implantación progresiva a partir del curso 2010-2011.
El Claustro del centro, reunido en sesión extraordinaria el 19 de mayo decidió por mayoría no aprobar el citado programa.
Coinciden en la toma de esta decisión razones de tres tipos:
En primer lugar, razones de índole educativa y pedagógica.
La puesta en marcha del mencionado Programa institucional, que incluye dotación de miniportátiles para todo el alumnado de 1º de ESO, equipamientos para las llamadas “aulas digitales”, etc., no obedece en absoluto a una necesidad pedagógico-educativa sentida o expresada ni por el profesorado, ni por el alumnado, ni por las familias del IES. La comunidad educativa del centro ha diagnosticado sus problemas y carencias más inmediatas en relación con los precarios y escasos espacios disponibles, con la necesidad de reparar íntegramente la cubierta del edificio principal (con goteras en varias aulas), con la urgente necesidad de incrementar los recursos humanos para la atención del alumnado de los dos primeros cursos de la ESO, etc.
Entonces, ¿a qué intereses obedece esta abultada inversión pública para la digitalización de la vida y los procesos de enseñanza en nuestros centros públicos? A los miembros del Consejo Escolar no se les escapan los intereses que, a veces, se hallan tras la gestación de Programas como el que nos ocupa.
Nuestro Centro posee una dotación de herramientas digitales suficiente a tenor del uso real que de ellas se realiza (aulas de informática, pizarras digitales, ordenadores portátiles, red wi-fi, cañones de proyección, sistemas de audio-video, conexiones de internet, etc.). Constituye una simplificación afirmar, en estos momentos, que la calidad de la educación o la innovación pedagógica dependen necesariamente de la inversión en “nuevas tecnologías de la información y la comunicación”. Las herramientas digitales son un instrumento más en el proceso de enseñanza, pero en absoluto deben convertirse en la columna vertebral de éste, ni, mucho menos, en un fin en sí mismas; sobre todo porque entendemos que no es necesario sumarnos al auténtico proceso de “necesidad digital” en el que la sociedad parece estar comenzando a sumergirse.
En segundo lugar, razones de austeridad, solidaridad y oportunidad.
Nos negamos a admitir moralmente que con “la que está cayendo” se postule una inversión como la que se derivaría de la aplicación de este Programa; el presupuesto previsto para nuestro Instituto sólo para el primer año ascendería a más de 50.000 euros de dinero público, a los que habría que añadir el desembolso mensual en mantenimiento y el contrato de un seguro específico que correrían a cargo de las arcas del Centro. Nos parece como mínimo un despropósito, que, en un momento en que se están recortando los sueldos a los funcionarios, congelando las pensiones, etc., la Consejería de Educación priorice una inversión de estas características mientras reduce los cupos de profesores y aumenta las ratios. Además, nos llama poderosamente la atención el hecho de que el Programa no contemple la incorporación a la Escuela 2.0 de las aulas con el alumnado más desfavorecido que se halla encuadrado en programas de apoyo tipo PAB o PROA y a las que no se dotará de estos materiales.
En tercer lugar, razones de procedimiento.
Puesto que se nos da la oportunidad, los órganos de participación y decisión del IES no deben convertirse en meros ratificadores de decisiones adoptadas previamente, en este sentido abogamos por ejercitar el derecho a debatir todas estas cuestiones en los distintos órganos colegiados de gobierno del Instituto; en consecuencia, no queremos ser una instancia que se limite con su voto a legitimar lo propuesto.
Sabemos que nuestra decisión contraria al Programa Escuela 2.0, puede ser y será criticada, posiblemente tachada de intransigente o, incluso, de retrógrada y antimoderna. En todo caso, estamos convencidos de que ésta es la mejor decisión que podíamos adoptar ante lo que se nos propone, oídas las opiniones de los distintos estamentos de nuestra comunidad educativa.

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