Muchos profesionales se oponen, con razón, a la implantación del Programa Escuela 2.0, que absorberá recursos que, en estos momentos, son muy necesarios para consolidar otros aspectos del sistema educativo.
Termina, un año más, el curso escolar, una página más en la vida nuestra y de nuestros alumnos, un nuevo peldaño que ellos suben y nosotros bajamos. La oportunidad comienza de nuevo. No es el fin para ellos sino el inicio de su porvenir.
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Hemos intentado proporcionarles unas herramientas intelectuales y morales para poder sobrevivir en este mundo que les ha tocado. Una educación que, además de darles unas competencias, les haga pensar, valorar, conocer la sociedad variable, compleja y heterogénea en que viven. Pretendemos ayudarles a ser libres, a no dar todo por sabido, a provocarles la reflexión, a comprometerse por unos valores, a indignarse ante las injusticias.
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Si creemos en lo que hacemos, no debe sorprendernos leer en la prensa cartas de educadores como esta: "Como profesional de la educación es mi responsabilidad velar por conseguir la mejor educación para mis alumnos. Por ello, también deseo que el dinero que se invierta en educación se dirija allí donde haga falta. Votar no a Escuela 2.0 no es votar no a las tecnologías. Es votar no a la política del derroche, a la política de la imposición irracional, a la política del todo o nada. Mi voto es un mensaje franco y sencillo a sus promotores: Así no se hacen las cosas. Si realmente lo queréis, ayudadme a educar a mis alumnos. Pero, por favor, hacedlo desde las aulas, no desde el Olimpo." [1].
Desde la razón y, sobre todo, desde un compromiso educativo es lo que está llevando a un importante número de centros de nuestra Comunidad a no sumarse al Programa Escuela 2.0, ofertado por la Consejería de Educación del Gobierno de Aragón para iniciar su implantación progresiva a partir del curso 2010-11. Por ejemplo, la comunidad educativa del IES Ramón y Cajal conoce cuáles son los problemas y carencias de su centro y sabe que las herramientas digitales son un instrumento más en el proceso de enseñanza, pero en absoluto deben convertirse ni en la columna vertebral de este ni, mucho menos, en un fin en sí mismas.
En educación señalamos con frecuencia la importancia de enseñar con el ejemplo. Los griegos lo llamaban mimesis, los romanos, imitatio. Para lograr este objetivo son necesarios profesores consecuentes, que digan lo que piensan y que hagan lo que dicen. Por ello se entiende muy bien que, por austeridad, solidaridad y oportunidad, se nieguen a admitir una inversión como la que se derivaría de la aplicación de este Programa. "El presupuesto previsto para nuestro Instituto sólo para el primer año ascendería a más de 50.000 euros de dinero público, a los que habría que añadir el desembolso mensual en mantenimiento y el contraro de un seguro específico que correrían integramente a cargo de las arcas del propio centro. Nos parece como mínimo un despropósito que, en un momento en que están recortando de manera drástica los sueldos, las partidas para cooperación internacional, etc., la Consejería de Educación persevere en una inversión de estas características" [2].
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Se acusa a los ciudadanos españoles de absentismo, de falta de compromiso y de ser incapaces de asumir actitudes acordes con los tiempos que vivimos. Los profesores aragoneses, desde la coherencia y la cordura, están dando un ejemplo a toda la sociedad aragonesa de responsabilidad ante la situación nueva que están sufriendo. Lo triste es que no hayan sido entendidos por los responsables institucionales. Lo más fácil es acusarles de intransigentes, retrógrados o antimodernos. Me pregunto, con tristeza: ¿Es compatible proclamarse demócratas y no aceptar la autonomía y libertad que caracteriza a la democracia, en este caso la de los centros educativos?
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* Pilar de la Vega es profesora de Historia, Ex-Directora provincial de Educación de Zaragoza y Ex-Consejera de Educación y Cultura del Gobierno de Aragón.
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FUENTE y texto completo, ya que este artículo sólo recoge una parte: Heraldo de Aragón. Edición impresa de 23 de Junio de 2010, p. 23, sección "Tribuna"

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