Leo en el blog de la FAPAR en su artículo "FAPAR sobre le programa Escuela 2.0":
"Queremos manifestar que valoramos my positivamente el esfuerzo de muchos profesores que llevan tiempo utilizando software libre en nuestras aulas, no solo por abrir nuevas posibilidades sino porque entienden que es un modelo tecnológico mucho más colaborativo y menos discriminatorio para nuestro alumnado y para las familias que el software cerrado, privativo y de pago, pero no deja de sorprendernos desagradablemente el rechazo que se está produciendo hacia el programa Escuela 2.0 en dos IES de nuestra Comunidad -también manifestado por unas pocas voces afines al sector docente- y justificado como un gasto excesivo en tiempos de crisis. Si tenemos en cuenta que la inversión que supone al Departamento de Educación este Programa, cofinanciado con el Ministerio de Educación, es de un 0,6%, suponemos que detrás de ese rechazo hay cuestiones bien diferentes a las meramente económicas y por supuesto a las educativas."
Es de agradecer que instituciones con tanta importancia en nuestra educación como la FAPAR manifiesten abierta y públicamente a través de su presidenta, Ana Abán, su valoración muy positiva hacia el esfuerzo que hace el profesorado que utiliza software libre en educación por suponer un modelo tecnológico que aporta elementos éticos y educativos positivos para nuestras aulas.
Lo que no entiendo muy bien es la relación que establece con el programa Escuela 2.0 ya que ni en ese programa ni en el resto del texto de la FAPAR se nombra ni se tiene en cuenta el modelo educativo, social, cultural, económico y tecnológico que plantea y propone el software libre.
Ni tampoco en los argumentos de los centros que no están de acuerdo con el programa Escuela 2.0 se nombra el software libre, al menos en los que he leído de centros que quieren nuevas tecnologías en sus aulas y que llevan muchos años trabajando con ellas, algunos de forma innovadora como el IES Ramón y Cajal de Huesca, pero que, precisamente por su experiencia y su implicación, no están de acuerdo en como se plantea dicho programa. En esos argumentos lo que si encontramos es su no al programa Escuela 2.0 por razones como las siguientes:
- Habría que partir de la realidad de los centros y de sus necesidades para introducir las TICs
- Habría que respetar la autonomía de los centros, de su profesorado y de sus padres y madres.
- Si, se quieren TICs, pero no despilfarros e imposiciones descontextualizadas
- Las TICs deberían verse como herramientas y no como la máxima prioridad del sistema educativo.
- …
Y es que, como manifiestan expertos de referencia en TICs y educación como Jordi Adell cuando hablan sobre el programa Escuela 2.0 por razones estrictamente educativas:
"Este plan […] no tiene nada que ver con la educación. […] Es un plan para aumentar los beneficios de varios sectores de la industria y el comercio, ignorando lo más básico acerca de las nuevas tecnologías y la pedagogía, puesto que no es un plan para cambiar nada de lo que ocurre dentro de las aulas. No tiene en cuenta los derechos básicos de los ciudadanos y las ciudadanas a una educación de calidad y gratuita durante el periodo obligatorio y las posibilidades de desarrollo de un país con libre acceso al conocimiento y la cultura. […] la enseñanza 2.0 no debería plantearse como negocio, sino como oportunidad de cambio de valores respecto al conocimiento, el proceso de aprendizaje, la metodología y el compartir materiales y recursos."
Ya sé que en estos tiempos, lamentablemente, la opinión de los profesionales de la educación, como también lo es el profesorado de esos centros, aunque no esté de acuerdo con el programa Escuela 2.0, o la de expertos que constituyen una referencia en innovación educativa, no tiene demasiado valor para la administración educativa, y los niños y las niñas y su educación importan poco en los procesos de mercantilización de las aulas en los que estamos inmersos, pero pienso que escucharles y tenerlos en cuenta puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestro sistema educativo para trabajar juntas y avanzar en un nuevo modelo educativo de calidad para la sociedad digital basado en la importancia de las personas implicadas, la colaboración y el compartir, se esté de acuerdo o no con sus opiniones o sus intereses centrados en su alumnado y en su responsabilidad y profesionalidad y basadas en la realidad de las aulas. Como dice uno de esos profesores:
"Soy profesor de secundaria y, en mi centro, he votado no al proyecto. Al hacerlo, por supuesto, he pensado en mis alumnos. […] Escuela 2.0 no es un proyecto de digitalización de las aulas (sea lo que sea lo que esto signifique), es un pack de todo o nada que hemos de aceptar tal como se nos ofrece y en el orden en el que se nos ofrece. [… ] Como ocurre siempre, nadie nos pregunta. Nos dicen la herramienta que hemos de usar y con quién hemos de usarla y nos la sueltan. Hagan ustedes el resto, pero sigan el camino que les hemos marcado… […] ¿Cómo ha de repetirse que se necesita una estrategia pedagógica? […] Como profesional de la educación es mi responsabilidad velar por conseguir la mejor educación para mis alumnos. Por ello, también deseo que el dinero que se invierta en educación se dirija allí donde haga falta. Votar no a Escuela 2.0 no es votar no a las tecnologías. Es votar no a la política del derroche, a la política de la imposición irracional, a la política del todo o nada. Mi voto es un mensaje franco y sencillo a sus promotores: Así no se hacen las cosas. Si realmente lo queréis, ayudadme a educar a mis alumnos.” [1]
O como dicen no sólo el profesorado, sino también todo el Consejo Escolar del IES Ramón y Cajal de Huesca por unanimidad, incluidas las representantes de madres y padres:
"La puesta en marcha del mencionado Programa institucional, que incluye dotación de miniportátiles para todo el alumnado de 1º de ESO, equipamientos para las llamadas “aulas digitales”, etc., no obedece en absoluto a una necesidad pedagógico-educativa sentida o expresada ni por el profesorado, ni por el alumnado, ni por las familias del IES. […] Nuestro Centro posee una dotación de herramientas digitales suficiente a tenor del uso real que de ellas se realiza (aulas de informática, pizarras digitales, ordenadores portátiles, red wi-fi, cañones de proyección, sistemas de audio-video, conexiones de internet, etc.). Constituye una simplificación afirmar, en estos momentos, que la calidad de la educación o la innovación pedagógica dependen necesariamente de la inversión en “nuevas tecnologías de la información y la comunicación”. Las herramientas digitales son un instrumento más en el proceso de enseñanza, pero en absoluto deben convertirse en la columna vertebral de éste, ni, mucho menos, en un fin en sí mismas" [2]
Pero todo esto parece que no lo han leído en la FAPAR, o al menos no lo mencionan, cuando defienden incondicionalmente el programa Escuela 2.0 tal como la administración lo impone por igual a todos los centros y al profesorado, tengan la realidad que tengan y sin contemplar en él la importancia de las nuevas tecnologías en educación infantil, en el primer y segundo ciclo de primaria y en 3º y 4º de secundaria, tanto para ese alumnado como para su profesorado al que no se le da formación específica; o quizás en el apoyo de la FAPAR a ese lucrativo programa silenciando las razones que exponen esos centros, profesorado y padres y madres, y en la confusión que intentan crear con el software libre, habría que suponer por su parte que haya "cuestiones bien diferentes … a las educativas", ya que ellas y ellos si que las sugieren para descalificar a esos centros, a su profesorado y a sus familias contaminando el debate educativo. Y me parece una pena porque pienso que todas las voces son necesarias e importantes en nuestra Educación, incluso las de un profesorado que lleva años comprometido, innovando y experimentando con nuevas tecnologías en sus aulas, aunque no esté de acuerdo con un programa concreto de nuestra administración y de las multinacionales y grupos financieros que lo impulsan.

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